BIODIVERSIDAD EN ASTURIAS

Hace más de 40 años que los científicos están advirtiendo a la humanidad de que nos dirigimos al colapso de nuestra civilización, de que es necesario cambiar el rumbo. Ahora se habla ya de una emergencia climática, la temperatura ha aumentado más de lo que predecían los modelos más pesimistas, el océano se acidifica y el nivel del mar sube también más rápido de lo predicho, la Antártida y el Ártico de deshielan, los eventos climáticos extremos cada vez son más frecuentes, más intensos y más letales.





También estamos perdiendo especies a una tasa nunca vista. La deforestación y la sobreexplotación de los ecosistemas como consecuencia de las actividades humanas, resultan en una tasa de extinción sin precedentes. Los científicos advierten del problema de la defaunación; declives poblacionales y desaparición de especies enteras. Lo cual tendría consecuencias globales en el caso de los polinizadores de los que dependen nuestros sistemas de producción de alimentos, o en el de las pesquerías marinas, que según ciertos modelos colapsarán completamente para el 2050.


Pero hay un motivo para el optimismo: sabemos lo que tenemos que hacer. En primer lugar, tenemos que dejar de producir energía quemando cosas, ni combustibles fósiles, ni árboles, ni basura, se trata de dejar de emitir CO2 y otros gases a la atmósfera. Además, tenemos que proteger y permitir la regeneración de los ecosistemas, tanto marinos como terrestres, porque son fundamentales para capturar carbono y reducir la pérdida de biodiversidad.


También deberíamos reducir el consumo de productos de origen animal. Dejar de medir cómo nos va en términos de crecimiento del PIB, contribuiría a evitar la sobreexplotación de ecosistemas. Por último, debemos tomar medidas como proporcionar educación a las niñas en todo el mundo para que tengan el número de hijos que ellas elijan, lo cual resultará en una estabilización y posterior reducción de la población mundial.

También sabemos cómo tenemos que hacerlo, actuando a escala local, sin perder de vista los problemas globales. Sin embargo, en Asturias habitualmente se piensa solo en los problemas locales aunque las


actuaciones tengan consecuencias para los grandes problemas globales. Y tenemos contraejemplos de las medidas que proponen los científicos para evitar el colapso:


  1. La administración asturiana y unas pocas grandes empresas proponen obtener energía eléctrica quemando biomasa, es decir liberando a la atmósfera en unos segundos todo el carbono que las plantas han logrado capturar durante años. Lo presentan como energía renovable y limpia, y de hecho han conseguido grandes cantidades de dinero público para financiar esta idea, dejar de quemar carbón y empezar a quemar árboles. La implantación de energías más próximas a la neutralidad de carbono, como la eólica, se está haciendo sin tener en cuenta su impacto ambiental, instalando generadores de escala industrial en las zonas donde son más rentables para las multinacionales, aunque se alteren ecosistemas y se mate a miles de aves y murciélagos.

  2. Las medidas legales para evitar la destrucción de especies y ecosistemas se han ido relajando, por ejemplo, los parques naturales se usan solo como reclamos publicitarios para atraer más y más turistas aunque sea a costa de alterar el hábitat de especies en peligro de extinción como osos o urogallos. Se financian actuaciones para impedir la regeneración natural de ecosistemas por procesos de sucesión ecológica en zonas donde la explotación agrícola, ganadera o forestal han desaparecido. En las zonas más fértiles de la región se promueve el cultivo de eucaliptos

  3. La intensificación de la producción ganadera, mediante concentración de explotaciones, monocultivo de especies forrajeras de alto rendimiento y ensilado en plástico, así como la utilización de piensos que promueven deforestación a miles de kilómetros resulta en el deterioro de ecosistemas terrestres y fluviales. Por otra parte, prácticamente todos los incendios de los montes asturianos están causados por ganaderos para generar pasto para sus animales. Cualquier sugerencia de los beneficios para la salud y para el planeta de reducir el consumo de productos animales recibe respuestas virulentas como si fuera un ataque a la esencia de Asturias.

  4. La baja tasa de natalidad de Asturias es percibida como un problema, pese a que la población asturiana se había doblado durante el s XX hasta alcanzar el millón de personas. De hecho el último gobierno del Principado ha designado un Alto Comisionado para el Reto Demográfico y se implementan medidas para fomentar la natalidad.








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